domingo, 22 de marzo de 2015

POLONIA: AUSCHWITZ

En esta ocasión vamos a recorrer el museo, que entre los restos del campo de concentración de Auschwitz (en realidad varios campos próximos) recoge la historia de este triste capítulo de la historia de Europa. Como otros muchos miles de visitantes al año, podemos conocer un poco más de la locura nazi que en estos campos masacraron al menos a un millón y medio de personas. Ahora que se han cumplido setenta años de la liberación del campo, que esta colección de fotografías pueda ser un pequeño homenaje más para que no se olvide esta barbarie.




En sus inicios el campo se construyó para albergar a los prisioneros del derrotado ejército polaco, aunque una vez aniquilados cobardemente, se continuó utilizando para asesinar al resto de las personas pertenecientes a los grupos que el nacismo consideraba prescindibles.

Al llegar al campo, hacinados en trenes de carga, los recibía el irónico lema "el trabajo os hará libres". Lema que ni siquiera se habría podido aplicar a los que en el mismo andén de llegada eran seleccionados para trabajar como esclavos en las fábricas. El resto, que era la mayoría, nada más llegar era ya dirigido a las duchas, que en realidad eran las cámaras de gas. Los que quedaban en el campo continuarían encerrados entre alambradas y torres de vigilancia, para no volver a salir nunca más.
























El museo incluye la visita al interior de los barracones que quedan en pié, para intentar hacerse una idea aproximada de las condiciones de vida de docenas de personas hacinadas en las agobiantes literas. Sorprende conocer que los encargados de vigilar a sus compañeros eran también otros prisioneros del campo, que esperaban tratando cruelmente a sus hermanos, librarse así de su propio destino. Sólo en una ocasión, se rebelaron e intentaron una fuga, con funestas consecuencias para todos. La mayoría de los barracones que cubrían los extensos campos se encuentran derruidos, ya que el glorioso ejército alemán, que iba a conquistar el mundo, intentó destruir el campo, antes de huir como cobardes ratas ante el avance de las tropas soviéticas.












La intención nazi de acabar con sus odiadas minorías, entre ellas todos los judíos, estaba claramente encaminada a llegar a sus últimas consecuencias o solución final. Desarrollaron un eficiente pesticida el Zyclon B, a base de cianuro, que les permitiría el asesinato masivo sin gastar las valiosas balas, necesarias para los frentes de batalla. En el museo se muestran cientos de envases que contenían los gránulos que en contacto con el agua o la humedad desprendían el letal gas. También se pueden visitar las cámaras de gas, donde un solitario ramo de flores sirve de sencillo homenaje, así como los hornos crematorios donde se hacían desaparecer los cuerpos. Hornos que eran operados por los propios prisioneros. Para las ejecuciones públicas quedaba el fusilamiento en el paredón. 









Las salas más impresionantes del museo, son las que recogen parte de los enseres personales con los que los prisioneros llegaban al campo. Montones de maletas con los nombres de los propietarios cuidadosamente rotulados, ya que se les hacía creer que iban a recuperarlas cuando saliesen del campo de trabajo. Prótesis ortopédicas, peines, utensilios de afeitado, gafas rotas, trajes de bebé y montañas de zapatos eran recogidos y acumulados por los guardianes del campo que como salvajes urracas querían sacar el máximo beneficio de sus prisioneros. Incluso en una sala donde no está permitido hacer fotografías, se acumulan ahora toneladas de cabellos rapados a las mujeres que llegaban al campo. También se muestran los uniformes de rayas con la estrella amarilla que obligaban a llevar a los prisioneros.









Las paredes de los barracones convertidos en museo recogen cientos de fotografías hechas a los hombres, mujeres y niños que iban a ser asesinados. No hay palabras para describir esas miradas, incluso las de los niños, que parecen adivinar su negro y breve futuro.









Placa en lengua sefardí en recuerdo del millón y medio de criaturas asesinadas en este lugar

sábado, 22 de noviembre de 2014

UN DÍA EN NÍGER

En esta ocasión la entrada del blog recoge las fotos de un sólo día de estancia en un país. Nuestro recorrido, partiendo de la capital, Niamey, era para reconocer el trazado de un futuro ferrocarril que ayude a Níger a salir del aislamiento en el que se encuentra por falta de infraestructuras de comunicación, debido a su situación en el interior de África y lejos de la costa.
Níger ocupa el último puesto del índice de desarrollo humano y es posible que también ocupe el triste puesto de país más pobre del mundo, en compañía de los mismos países de siempre.
Su dura geografía está dominada por el desierto del Sáhara, salvo una banda en el sur que cae dentro de la franja del Sahel, donde la verdad, tampoco es que el agua abunde. La excepción a la falta de agua, y no en una gran extensión, está en los alrededores del gran río Níger, que da nombre al país después de haber superado su propia travesía del desierto desde Mali.
Para complicar más la situación social, ya de por sí muy dura por las condiciones naturales, el territorio de Níger se ha vuelto muy inseguro por culpa de los radicales islamistas que se encuentran o cruzan su extenso y desértico territorio. Los extranjeros, en su mayoría cooperantes, que viven en la capital tenían prohibido salir de la ciudad sin protección. Nuestro recorrido de campo se tuvo que realizar custodiados por dos vehículos militares llenos de soldados, ellos contentos de poder salir de la ciudad al campo y conducir entre las dunas, aunque el peso de la ametralladora del jeep lo hacía encallarse en las arenas.
Al contrario que en ortos países musulmanes del África Subsahariana que he visitado, en Níger me llamó la atención que las niñas en su mayoría, se cubren la cabeza con el pañuelo desde una edad muy temprana.
Las fotografías son un resumen de las aldeas que encontramos a nuestro paso, en las que los pobladores, muy amables se acercaban a nosotros. A pesar de que la presencia de los soldados que nos acompañaban podía imponerles algún recelo, hay que reconocer que la actitud de unos y otros siempre fue muy amigable.

























En uno de los cauces de los ríos secos que cruzamos, había un buen número de personas abasteciéndose de agua en agujeros hechos en la arena del seco cauce. No se pueden llamar ni siquiera pozos, ya que no son más que meros agujeros donde el agua al filtrarse entre la arena apenas ha podido librase de impurezas. Indigna ver como tanta gente necesita acudir a esta insana forma de acceso al agua por la falta de sistemas de abastecimiento más dignos y seguros.















Nuestro recorrido termina en la orilla del mítico río Níger, en un posible punto donde construir un nuevo puente que permita su cruce. en esta zona, ahora sólo se dispone de un pequeño transbordador y de canoas para poder transportar a personas y mercancías.