domingo, 10 de marzo de 2019

DOMINICA: EL CARIBE ARRASADO POR LOS HURACANES

La isla de Dominica, una de las islas de Barlovento en las Antillas Menores, alberga un pequeño país independiente. Esta situación geográfica la coloca en la ruta de los grandes huracanes que nacen en el Atlántico y se dirigen hacia el mar Caribe, golpeando de lleno a las islas de las Antillas. Esta situación se produjo en Septiembre de 2017 cuando el huracán María alcanzó a Dominica dejando una gran devastación a su paso. Posteriormente llegó hasta la isla de Puerto Rico donde también causó grandes daños.
Nuestra llegada a la isla fue seis meses después del paso del huracán, para realizar un proyecto de rehabilitación de las carreteras de la región oriental. Habían sido gravemente dañadas por las intensas lluvias que causaron deslizamientos de ladera y daños en numerosos puentes. 
La primera impresión fue encontrar los árboles de la antigua selva que cubría la isla, completamente pelados, ya que los intensos vientos habían arrasado con las hojas y ramas, dejando una plantación de troncos pelados, como mondadientes clavados en las laderas de las montañas.






En el caso del huracán María la situación fue especialmente grave ya que su evolución fue muy rápida, pasando en sólo 24 horas de ser considerada tormenta tropical a huracán de categoría 5, la máxima en la escala de Saffir-Simpson que mide la intensidad del viento. Esta situación dio lugar a que la población no tuvo tiempo de prepararse, viviendo una noche de pesadilla en refugios improvisados, azotados por vientos que alcanzaron los 274 km/h.
La destrucción alcanzó también las infraestructuras de electricidad, teléfono, etc, que ya habían sido bastante dañadas por el huracán Erika, sólo dos años antes. Una situación bastante excepcional, el que la misma isla reciba la visita de huracanes tan destructivos con tan poca separación en el tiempo. Fue una imagen chocante ver todos los postes caídos o inclinados, cuando lo habitual es que formen claras líneas verticales en el paisaje.



Y lo de encontrarse los barcos arrastrados por el mar y encallados en las playas.


El vendaval se cebó especialmente con los tejados de las casas. Incluso el tejado del palacio presidencial salió volando. La mayoría de las casas se han tenido que cubrir con lonas azules donadas por la ayuda internacional. Las orillas de las carreteras presentan campos de colorida chatarra acumulando los restos de las chapas de zinc que cubrían los tejados.


Prácticamente todos los 70.000 habitantes de la isla resultaron damnificados, sea por daños en las viviendas como también por daños en las cosechas, árboles frutales (también pelados por el viento) y por pérdidas entre los animales de las pequeñas granjas familiares. Seis meses después todavía quedaban pobladores refugiados en campamentos y albergues.





En la región oriental de Dominica habitan varias comunidades Kalinago, descendientes de los habitantes originales de las Antillas, los antiguamente llamado indios caribes. Uno de sus medios de vida es la artesanía local que ofrecen en las orillas de las carreteras.




La capital de la isla no se libró tampoco de los daños del huracán aunque las viviendas fuesen más sólidas. Tampoco se libraron los tejados de la catedral. Al encontrase la pequeña ciudad en la desembocadura de los ríos que bajan de las montañas, las calles quedaron inundadas y cubiertas de los arrastres que llevaron las aguas, que incluso dañaron irreversiblemente algunos puentes.



Las calles son tranquilas como corresponde a una ciudad antillana pequeña, con mercados de productos locales, principalmente verduras.





No puede faltar el famoso ron del Caribe, que aquí puede ser degustado aromatizado con todo tipo de productos naturales. Lo difícil es decidirse entre tanta variedad: frutas tropicales, vainilla, canela...

Dominica es una isla muy montañosa con escasos puertos naturales ni grandes playas por lo que no solía estar en las rutas de los grandes cruceros caribeños, ni de los grandes touroperadores que llevan turistas a las playas del Caribe. Más bien era conocida por su turismo de naturaleza, principalmente observación de aves (muchas desaparecidas tras los huracanes) y caminatas por la selva.
La siguientes panorámicas nos muestran el atractivo de estas escarpadas costas tanto sobre el Mar Caribe y el Océano Atlántico, con sus correspondientes puestas de sol para cerrar el reportaje.







domingo, 15 de julio de 2018

MADAGASCAR: TRABAJO MUY DURO PARA VIVIR DIA A DIA

En muchos lugares del mundo, especialmente en los países en vía de desarrollo, ganarse la vida requiere un trabajo muy duro y fatigoso. Salir de esa vida y prosperar económicamente es muy difícil. Pero en cierta forma, a pesar de las dificultades, al menos son personas que sí tienen un medio de vida, por difícil que sea, al que ni siquiera otras personas de su entorno pueden acceder para salir de la miseria.  
Este reportaje es un pequeño homenaje para estas personas que trabajan tan duro, centrado en Madagascar, uno de estos países que sufren las duras condiciones en que les toca vivir.
Cerca de la ciudad de Ambositra, en las tierras altas del centro de la gran isla de Madagascar, se encuentra esta fábrica artesanal de ladrillos. Varias familias fabrican los bloques y luego se encargan de cargarlos ladera arriba, hasta llegar a la carretera, para que puedan transportarse. Muchos de los trabajadores son niños, que de esta forma ayudan a sus familias. Es posible que tengan que hacer este trabajo a la vez que también asisten a la escuela, ya que en esta zona de Madagascar se ha hecho un gran esfuerzo escolar por extender la educación de los niños.








En las ciudades, para el transporte de mercancías se sigue usando la fuerza humana. Este es un ejemplo de la ciudad de Antsirabe, ciudad de colinas con sus correspondientes cuestas.


Un ejemplo del trabajo en el campo, preparando el suelo para el cultivo del arroz.

En Madagascar se sigue buscando oro en los cauces de los ríos de forma totalmente artesanal. Este es un río que se encuentra en la carretera de Antsirabe a Morondava, donde las familias se afanan en encontrar unas pocas pepitas del preciado metal, como en tantos otros ríos del país.


Madagascar también es famosa por la gran variedad de piedras preciosas y semipreciosas, muy frecuentes allí. Pero el encontrarlas y extraerlas de sus yacimientos requiere mucho trabajo. Ilakaka es la capital de los zafiros, donde cientos de personas criban las arenas en busca de estas gemas. Alrededor de esta actividad se ha creado una ciudad "sin ley" al estilo de las que surgieron con la fiebre del oro en América.


La capital Antanararivo es una ciudad edificada sobre colinas, entre las que se encuentran zonas de tierras bajas dedicadas al cultivo del arroz. Estas zonas tienen canales que distribuyen el agua de riego y en los que también se aprovecha la escasa pesca existente. No es necesario hacer unos análisis muy minuciosos de estas aguas, para adivinar el grado de contaminación que pueden llegar a tener, estando rodeadas por varios millones de personas que habitan en la capital.


También en la capital se encuentran las grandes canteras de Ambatomaro. Aunque en el país también hay canteras modernas con maquinaria industrial para la producción de los áridos de construcción, la peculiaridad de esta cantera es que todo el trabajo es artesanal, a base de herramientas de mano. Es impresionante como cientos de familias se afanan en triturar poco a poco el duro granito. Igualmente sobrecoge el sonido metálico de cientos de mazas rompiendo la roca, cuyo eco reverbera entre las paredes rocosas de la cantera.


Lo habitual es que los hombres se encarguen de separar los grandes bloques de roca y las mujeres con infinita paciencia los vayan triturando poco a poco hasta reducir los fragmentos a los tamaños adecuados, muy bien clasificados  en sus correspondientes montoncitos, que después van a ser vendidos para las obras de la ciudad.




A pleno sol tropical, las madres están acompañadas por sus hijos pequeños.







Su juguete de hoy posiblemente sea su instrumento de trabajo para toda la vida.






Aunque para nosotros nos parezca una forma de vida muy difícil, es necesario señalar que una parte de estas familias provienen de otra actividad aún más sufrida, la de antiguos rebuscadores entre la basura de la ciudad. Desde 1989, la ONG AKAMASO les ha ayudado a mejorar, mediante este trabajo en las canteras, además de facilitar la construcción de viviendas, escuelas y centros de salud.
http://www.perepedro-akamasoa.net/